viernes, 24 de febrero de 2012

LA ZARZA Y EL ABEDUL

Camino de Egipto, escapando de la persecución de Herodes y siguiendo las instrucciones que en sueños el ángel le diera a José, se dirigía la Sagrada Familia.
La Virgen María con Jesús en brazos  sobre la burrilla, José llevando las riendas se acercaron a un riachuelo que rápido transcurría zigzagueante entre piedras, canturreando sus aguas agradables melodías. La virgen observo al niño entretenido en la inocencia infantil de la despreocupación, dirigió una mirada cómplice hacia José que reflejaba el cansancio en su cara.
-¡José, podemos descansar un rato a la sombra de estos abedules…!
José detuvo el andar cansino de la burrilla atándole en una rama, descendió María y el niño, encaminándose hacia la orilla del riachuelo. La Virgen dio al niño a José que sentado en una piedra les observaba, este le sentó en sus piernas, mientras María fue a la borriquita a buscar los pañales del niño para lavarlos en aquellas aguas claras. Estaba ella en estos quehaceres cuando un pañal se le escapo entre las rápidas aguas.        

La virgen se incorporo al ver que se quedaba atrapado en una rama de abedul y no mal se había acercado a la rama, el pañal se escurrió siguiendo su huida por los rápidos quedando nuevamente enganchado, pero esta vez en la espina de una zarza. El agua con su veloz discurrir semejaba competir con la zarza, el pañal pareciera querer desprenderse de ella para proseguir rio abajo, pero la zarza insistente le sujetaba cada vez más, atrapándole entre sus espinas. La virgen se acerco a la zarza, desenganchando
el pañal.   

Con la dulzura dibujada en la cara, María se giro hacia el abedul y le hablo.
-¡ árbol desagradecido, que no te das cuenta de que estos pañales son del Hijo de Dios hecho hombre, tu serás un árbol cuya madera no sirva para otra cosa que ser suela del calzado de las personas, y las gentes no apreciaran tus frutos!
Se acerco a la humilde zarza, cuyos espinos destacaban entre sus hojas, y, observándola la bendijo:
-¡zarza que has retenido los pañales del Niño Dios, a ti quiero bendecirte para la eternidad, tu, aunque tengas espinas y para algunos seas desagradable, darás unas hermosas y delicadas flores que sobresaldrán entre las florecillas del campo, y tus frutos serán dulces y agradables para aquellos que caminen los campos!

Es por esto, que al quemar los labriegos las zarzas que invadían sus campos, hacían la señal de la Cruz y cuando iban por los caminos y recogían las agradables y sabrosas moras, recordaban esta leyenda, basada en el pasaje bíblico, que repetían a los niños, para que observasen que aun la más humilde planta del campo, merece respeto, y, no ha de ser juzgada por sus espinas, sino por sus frutos. 






1 comentario:

  1. Que buen mensaje de fondo transmite esta leyenda para el día a día del ser humano.

    Me quedo a la espera de la 2da.

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